En datas próximas á estrea de Tabu, a chegada ás salas de máis dous filmes demostraba a vitalidade artística do país veciño. Pouco antes outra obra mestra, É na Terra não é na Lua de Gonçalo Tocha, un documental sobre a Ilha do Corvo -a máis pequena dos Açores- de dimensións e resultados monumentais. Despois, Linha vermelha de José Filipe Costa, que revisa a ocupación por campesiños da finca Torre Bela e o tratamento que dos feitos deu o director alemán Thomas Harlan no filme homónimo, exemplo típico de cinema militante. A iso hai que sumar o éxito recente do Sangue do meu sangue de João Canijo, que manexa con sabedoría e personalidade autoral un material que podería parecer propio dunha mala telenovela; e o recoñecemento internacional para as curtas Palácios de pena de Gabriel Abrantes e Daniel Schmidt e Rafa de João Salaviza, que con 28 anos xa sabe o que é gañar un Oso e unha Palma de Ouro. Este vigor creativo, porén, non pode evitar a absoluta parálise da industria, vítima da indolencia dun goberno que aínda ten pendente a aprobación da Lei do Cinema, vehículo preciso para a superación dun inxusto estancamento. Tamén sobre este asunto poderíamos tirar aquí en Galicia algunha lección útil.
Martin Pawley
Artigo escrito para o número de abril da revista Tempos Novos
Miguel Marías (Madrid, 1947) é economista e crítico de cinema en diversas publicacións (a maioría online e estranxeiras, coma Senses of Cinema ou Rouge). É autor dos libros Manuel Mur Oti: Las raíces del drama e Leo McCarey: Sonrisas y lágrimas. Foi director de Filmoteca Española (1986-1988) e do ICAA (1988-1990).
A) Grandes filmes vistos por vez primeira, feitos despois de 2006:
2010 fue insólitamente bueno para el Indielisboa. Creció en apoyos institucionales y asistencia hasta alcanzar un récord de 44 mil entradas vendidas que lo convertía en el festival portugués con más espectadores. El espejismo duró un año. La difícil situación económica del país se manifestó en 2011 en forma de drásticos recortes: medio millón de euros menos de presupuesto (casi una tercera parte) y una severa reducción de contenidos, empezando por la sección oficial, con sólo diez títulos en una competición de la que salió triunfadora Marie Losier con The Ballad of Genesis and Lady Jaye. Entre las notas positivas, además de la gozosa visita de F. J. Ossang para presentar la muy marciana Dharma Guns, la incorporación de dos nuevas sedes: la Cinemateca, coorganizadora de la necesaria retrospectiva del brasileño Júlio Bressane; y el Teatro do Bairro, un espacio multiusos en el corazón del Bairro Alto que es ya un hermoso refugio para ese cine de autor que encuentra escaso acomodo en las salas comerciales.
Aún sin Lisbon Screenings, suprimidas por la crisis, la producción portuguesa es el principal aliciente del Indie. Multitudinario fue el estreno de la correcta Viagem a Portugal, debut en la ficción de un Sérgio Treffaut que sale airoso de un asunto delicado, la deportación de extranjeros en los aeropuertos europeos, al depositar todo el peso del relato en las interpretaciones de María de Medeiros y una sensacional Isabel Ruth. Fallido es el documental de João Canijo Trabalho de actor, trabalho de actriz, que registra con espíritu de extra de DVD el proceso de creación de su película Sangue do meu sangue, aún inédita. Mucho más inteligente es la revisión que José Filipe Costa hace de la ocupación en 1975 de la finca Torre Bela en la magnífica Linha vermelha, ideal para componer un programa doble con la obra de Thomas Harlan que le sirve de referencia. Lo más interesante está aún en construcción: É na Terra não é na Lua de Gonçalo Tocha, film-odisea fruto de varios años de trabajo en la Ilha do Corvo, la menor del archipiélago de las Azores. No es un ensayo, no es una película observacional, no es un documental antropológico, sino que es todo eso al mismo tiempo y por eso gana fuerza y llega más lejos.
Coa proxección de Carlos (Olivier Assayas) e Les amours imaginaires (Xavier Dolan) deu comezo onte a oitava edición do Indielisboa, que reservou tamén para a apertura do certame un vello coñecido dos lectores de Xornal, Todos vós sodes capitáns. A tardía Semana Santa de 2011 provocou o adiamento do festival, que desta volta se solapa con Cannes; o Indie acusa ademais os efectos da crise e anuncia unha programación menos densa do habitual, sen que iso supoña unha rebaixa do nivel de esixencia. Antes polo contrario, a aposta revélase especialmente valente ao lle dedicar unha retrospectiva ao mestre brasileiro Júlio Bressane, cineasta singular con máis de corenta anos de carreira que coñeceu un certo revival nos últimos anos coa exhibición na Mostra de Venecia dos seus filmes Cleópatra e A erva do rato.
Fóra da selección de títulos que compoñen a sección competitiva e as paralelas, onde poderemos ver traballos de Errol Morris (Tabloid), Abel Ferrara (Mulberry St) ou Martin Scorsese (A letter to Elia), o principal valor do Indie é o de difundir a obra de autores portugueses. Das longametraxes nacionais destacan Viagem a Portugal, debut na ficción de Sérgio Tréfaut; Linha vermelha de José Filipe Costa, que revisa o filme de Thomas Harlan Torre Bela sobre a ocupación da herdade homónima no centro do país; e Swans de Hugo Vieira da Silva.
Entre as curtas, Alvorada vermelha de João Pedro Rodrigues e João Rui Guerra da Mata; Liberdade de Gabriel Abrantes, triunfador o verán pasado en Locarno; e unha sesión especial coa presentación da serie É na Terra não é na Lua de Gonçalo Tocha, que nos marabillou co espléndido Balaou.
Martin Pawley. Publicado en Xornal de Galicia o venres 6 de maio
Por su fecha de celebración, siempre entre abril y mayo, el Indielisboa es el último gran certamen europeo antes de que llegue Cannes para abrir una nueva temporada cinematográfica. El significativo aumento del número de autores portugueses en la edición de este año prueba la consolidación del Indie como herramienta con la cual calibrar el estado de salud de la creación audiovisual del país vecino, tan buena por su calidad como frágil en términos industriales y de mercado. Coordinada por Ana Isabel Strindberg, la sección Lisbon Screenings es un evento paralelo orientado a programadores y periodistas extranjeros en el que se presentó una cuidada selección de largometrajes, cortos y también fragmentos de obras aún en producción, como el nuevo documental de Susana de Sousa Dias, Luz escura, que vuelve a explorar la larga noche de piedra de la dictadura con el mismo rigor ya demostrado en 48; o Gente unida de José Filipe Costa, que parte de un documental de Thomas Harlan para recordar la ocupación en 1975 por parte de un grupo de trabajadores agrícolas de la finca Torre Bela y la posterior constitución de una cooperativa con voluntad de autogestión.
La memoria es también el eje de Fantasia lusitana, film de apertura del Indie 2010, un excelente documental construido únicamente con material de archivo en el que João Canijo confronta el testimonio literario de refugiados célebres que pasaron por Portugal durante la Segunda Guerra Mundial huyendo del nazismo con la imagen irreal de “oasis de paz” que el salazarismo pretendió inocular entre los ciudadanos. En la más que notable Sem companhia João Trabulo intenta con los presos de una cárcel del norte del país algo parecido a lo que Pedro Costa hizo en Fontaínhas, para elaborar un brillante ejercicio de representación que nace de la observación prolongada y cercana de la vida en prisión. Muy interesante es Guerra civil de Pedro Caldas, retrato de familia fracturada con protagonista adolescente que pierde fuerza en sus minutos finales por culpa de un desenlace menos abierto de lo que sería deseable. Lo mejor, Voodoo, corto de Sandro Aguilar que nos proporcionó las escenas más elegantes y hermosas vistas este año en Lisboa.